Los 4 principios para construir disciplina según Marco Aurelio y Séneca: Estoicismo paso a paso

JORGE BENITO

Si te cuesta hacer lo que dijiste que harías o dejar de hacer lo que dijiste que ya no harías más, y quieres volverte una persona más disciplinada, este artículo es para ti.

En él voy a compartir 4 principios que he extraído de las que seguramente sean las recopilaciones de textos estoicos más importantes de la historia, las Cartas a Lucilio de Séneca y las Meditaciones de Marco Aurelio.

El primer libro, las Cartas a Lucilio, también conocidas como Epístolas morales, compila las correspondencias que Séneca envió a su amigo Lucilio durante los tres últimos años de su vida.

Y las Meditaciones son una serie de textos que el emperador Marco Aurelio escribió durante los últimos 10 años de su vida a modo de guía personal para su propia automejora, como una especie de afirmación de sus convicciones morales y filosóficas.

Ambos libros son una majestuosa expresión de la grandeza humana cuyos principios nos muestran cómo prosperar en tiempos de dificultad, cómo volvernos más conscientes y virtuosos, y cómo encontrar significado en nuestras vidas.

En este artículo voy a resumir o agrupar sus enseñanzas en 4 categorías, pero por supuesto que esta es solamente mi aproximación personal y en todo caso te animo a leerlos porque, para mí, son dos de los mejores libros jamás escritos.

1. Propósito

Para los estoicos, la disciplina empieza encontrando tu propósito. Tienes que tener una razón para hacer lo que dijiste que harías o dejar de hacer lo que ya no quieres seguir haciendo.

Tu propósito es eso para que lo fuiste creado. Así como las plantas, los pájaros, las hormigas, las arañas y las abejas tienen cada cual su tarea propia y contribuyen, a su vez, al buen orden del mundo, tú también debes obrar de acuerdo a lo que se conforma con tu naturaleza. Es más, no hay mayor deleite para un ser humano que hacer eso para lo que fue creado, tal era la visión de los estoicos.

Y todos sabemos que hay algo para nosotros, lo sabemos muy bien. Aunque estemos perdidos y sin rumbo, atravesando un momento sombrío y doloroso, de alguna forma intuimos que hay un propósito para nuestra existencia y que, cuando lo encontremos, por fin hallaremos sosiego y todo encajará, todo tendrá sentido.

Por eso debemos hacer todo lo que esté en nuestra mano para encontrar ese propósito para el que fuimos creados. Debemos salir de la pasividad que nos tiene sumida en el estancamiento y buscar activamente.

Prueba cosas nuevas hacia las que te sientas atraído, ábrete a nuevas experiencias que te parezcan significativas, explora nuevos puntos de vista… todo con la clara intención de volverte consciente de esa naturaleza que te es inherente. 

No actúas de forma exaltada o con el fin de distraerte o recrearte porque sí, sino que te aventuras a explorar la realidad con el objetivo de encontrar eso que también está buscándote a ti.

Los filósofos estoicos destacaban por su féerea disciplina, y sus principios han sido utilizados a lo largo de la historia por personas de toda clase y condición.

2. Acción

Los estoicos eran hombres de acción, pero sus acciones siempre estaban orientadas hacia un objetivo claro y específico.

Para que haya disciplina, primero tiene que haber un objetivo. La disciplina no puede aplicarse a algo vacío y aleatorio, sino que necesita de un motivo tangible.

Cuando no tienes objetivos claramente definidos, tus acciones son irracionales e incompetentes. “No hay viento favorable para el barco que no sabe hacia qué puerto se dirige”, escribe Séneca.

Antes de ponerte a actuar de forma ciega y apresurada, debes marcarte un objetivo razonable.

Tienes que analizar minuciosamente tu situación actual, y a partir de ahí tienes que ser capaz de vislumbrar con criterio qué posibilidades te crees capaz de convertir en una realidad tangible.

Y una vez que tienes claramente definido un objetivo que tú sabes que puedes alcanzar, debes elaborar un plan diario donde cada acción cotidiana te va conduciendo, paso a paso, a la conquista de tu meta.

La disciplina es el hábito de la consistencia, ni más ni menos, y cuando estás comprometido de verdad, todos los pequeños pasos diarios también forman parte de tu compromiso. 

Paso a paso, día a día, haces lo que dijiste que harías.

Si quieres ser escritor, escribes a diario. Si quieres ser deportista, haces deporte a diario. Si quieres ser cocinero, cocinas a diario. Si quieres aprender una habilidad, te dedicas a lograr su maestría a diario.

Da igual si no te sientes motivado. Hazlo sin ganas.

Pero hazlo. 

Ponte en el camino de la acción. Cada día tiene que haber progreso de algún tipo. 

Trata tu vida entera como si estuviera contenida en el momento presente y enfócate en hacer que este momento cuente.

3. Fortaleza

La disciplina, indudablemente, requiere de una gran fortaleza interior. Si no queremos desfallecer cuando se presenten situaciones inesperadas o darnos por vencidos cuando las cosas no vayan todo lo bien que a nosotros nos gustaría, necesitamos fortalecernos.

Sin embargo, hay dos grandes obstáculos que nos debilitan y arruinan nuestra disciplina: la evitación de lo incómodo y la búsqueda del placer inmediato.

Cuando estamos siempre escondiéndonos la incomodidad y perseguimos la gratificación instantánea, la disciplina simplemente se esfuma.

Los estoicos proponen dos estrategias de fortalecimiento interno para sobreponernos a estos dos enemigos de la disciplina.

La primera estrategia de fortalecimiento es exponerte voluntariamente a situaciones difíciles. Tienes que hacer que la vida sea rutinariamente incómoda de alguna forma.

Evitar lo incómodo, además de volverte frágil, conduce a la mediocridad, porque cualquier logro significativo requiere de múltiples formas de incomodidad: esfuerzo físico y mental, coraje para enfrentarnos a lo desconocido, la amargura de la derrota, el miedo al fracaso, conflictos, desafíos inesperados, deshacernos de patrones de comportamiento deshonestos… 

Si no somos capaces de sostener cierta incomodidad, no hay logro ni tampoco crecimiento. 

Evitar a toda costa lo que nos resulta molesto y fastidioso, nos lleva a convertirnos por elección propia en personas débiles que no saben tolerar la más mínima dificultad. Y como corregir todo lo que anda mal en nuestras vidas requiere atravesar las mazmorras de lo incómodo, nunca lo hacemos. 

Sin embargo, exponernos de forma cotidiana y rutinaria a situaciones difíciles e incómodas nos prepara para vivir la vida con mayor coraje y disciplina.

El ejercicio físico es un buen ejemplo. Es una forma de esforzarte y exponerte voluntariamente a una actividad física que produce cansancio y, por lo tanto, incomodidad.

No comerte esa comida repleta de azúcar y grasas saturadas, pasar una mañana sin mirar tus redes sociales… 

Cuando eliges ejecutar cotidianamente esas pequeñas acciones que te preparan para tolerar la incomodidad, te vas a convertir en una persona que ya no se esconde de lo trabajoso. Aunque tu mente se queje porque no soporta la idea de hacer cosas difíciles y desagradables, tú serás capaz de seguir adelante con entereza porque ya no eres el tipo de persona que se esconde de lo difícil y desagradable.

Y la segunda estrategia de fortalecimiento es renunciar voluntariamente a toda esa gratificación instantánea que, lejos de ayudarte a lograr tus objetivos a largo plazo, solo te obstaculiza.

Todos estamos de alguna forma enganchados a ciertos placeres transitorios que, aunque nos hacen sentirnos bien momentáneamente, nos alejan de convertirnos en quienes queremos llegar a ser. Pero si somos capaces de eliminar el impulso de darnos esos placeres, estaremos más cerca de lograr nuestro objetivo.

La idea es muy simple: si quieres perder peso, no te comas ese pastel. Te hará sentirte bien en el mismo momento en que lo estás degustando, pero te aleja de tu objetivo.

La habilidad de retrasar el placer momentáneo en favor de una recompensa significativa que obtendrás más adelante es uno de los núcleos de la disciplina. 

Cuando decidimos conscientemente no caer en la tentación de hacer eso que tanto nos apetece ahora, para tal vez más adelante poder experimentar algo mejor, creamos una mente disciplinada cuyo gozo ya no surge de buscar desesperadamente la complacencia, sino de apuntar hacia objetivos más nobles.

El hábito del ejercicio físico es una de las mejores formas de crear una mente disciplinada.

4. Reflexión

Tienes que autoexaminarte a diario. Cada día debes evaluar tus acciones e intenciones, encontrar tus puntos débiles y corregir rápidamente. 

Al final de cada día, pregúntate: ¿Dónde fue puesta a prueba mi disciplina hoy? ¿En qué situaciones tuve que sobreponerme a mis resistencias? ¿Caí en el comportamiento negligente? ¿Cómo puedo mejorar?

Puedes elaborar una serie de preguntas y responderlas internamente al final del día, o puedes hacerlo a modo de diario escribiendo acerca de tu progreso, pero la idea es crear siempre un espacio para la reflexión y la autoevaluación.

Si al examinarte te das cuenta de que tuviste un día malo, corrige lo que debes corregir y sigue adelante. Pero no lo uses como excusa para convertirlo en una semana mala, un mes malo, y un año malo. 

No caigas en victimismo ni te quejes por no lograr aquello que no mereciste por tu falta de disciplina. Asume responsabilidad. Cuando te victimizas, solo neutralizas tu propio crecimiento.

Y muy importante, tampoco permitas que otros te desmotiven. No dejes que quienes nunca lograron nada significativo te desvíen de tus empeños. 

Las personas que han vivido su vida en un perpetuo estancamiento suelen vivir en la amargura y el resentimiento, y detestan ver a alguien salir de la ciénaga. Pero según los estoicos, la voz de estos malintencionados que hoy conocemos comúnmente como haters no merece ser escuchada, pues no se han ganado ese privilegio. Ni siquiera si son personas cercanas tales como familiares y amigos.

Mejor busca retroalimentación de quienes lograron lo que tú quieres lograr, personas brillantes que se ganaron tu respeto con sus actos y su carácter.

Y si no tienes a alguien así cerca, emula a gente sabia que admiras. No importa si no los conoces, o si son personas que vivieron en una época pasada. Si ya conquistaron eso que tú quieres conquistar y dejaron testimonio de sus hazañas, pon tu atención ahí.

Como decía el gran Marco Aurelio, “mira con atención los principios que guían a los sabios, qué cosas evitan y cuáles desean alcanzar”.

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