Afirmaciones positivas: cómo construyen las bases neuronales del éxito y la felicidad

JORGE BENITO

Tu cerebro está biológicamente diseñado para cambiar y reorganizarse en función de tus experiencias. 

Pero, ¿sabías que puedes usar esta neuroplasticidad a tu favor para hackearlo y moldearlo a tu antojo?

No solo puedes, sino que además es muy sencillo. Tan sencillo como usar tu lenguaje.

Neuroplasticidad dependiente de la experiencia

Tus experiencias de vida le entregan información a tu cerebro y tu cerebro usa esa información para crear nuevas conexiones y cambiarse físicamente a sí mismo tanto a nivel funcional como estructural. A esto lo conocemos como neuroplasticidad dependiente de la experiencia.

Y para tu cerebro, tus pensamientos también cuentan como experiencia. Son información tan sólida como cualquier otra cosa que te sucede en tu día a día.

Esto quiere decir que si aprendes a influir voluntariamente en tus procesos mentales, puedes controlar el flujo de información que tu cerebro recibe, y con ello puedes autodirigir tu propia neuroplasticidad para crear un cerebro que opera como tú quieres que opere.

Y una forma muy sencilla de lograr esto es usar afirmaciones positivas.

En este artículo voy a mostrarte cómo funcionan las afirmaciones positivas, por qué activan tantos cambios en tu cerebro y cómo crear tus propias afirmaciones, paso a paso, para que puedas empezar a experimentar sus beneficios de inmediato.

Si te invaden los pensamientos negativos, las afirmaciones te van a ayudar a salir de ahí.

Realidad VS Imaginación

Para tu cerebro, lo que te sucede y lo que piensas acerca de lo que te sucede tienen el mismo peso neurológico. 

No hay ninguna diferencia.

Porque para tu cerebro todo eso es información.

Y cuando nota que hay cierta información que recibe de forma más frecuente, la convierte en rasgos neuronales. Al tratarse de experiencias que se repiten tanto, se reconfigura para que le resulte más sencillo procesar esa información y, de esta forma, ahorrar energía.

Es decir, todo lo que te sucede repetidamente (y todo lo que piensas repetidamente), se integra en tu red neuronal.

El problema de esta dinámica cerebral es que si la mayoría de tus pensamientos son negativos, si piensas mucho en aspectos negativos de tu vida, cosas que no te gustan y te causan insatisfacción, toda esa negatividad se va a quedar codificada en tu cerebro y te vas a programar para vivir siempre desde el miedo, la escasez y la amargura.

Tu cerebro, al notar que siempre piensas en cosas que te dan miedo y te preocupan, se moldea para convertirse en un cerebro que le da predominancia a la información negativa y amenazante.

Cómo la negatividad daña a tu cerebro

Cada vez que tienes un pensamiento negativo, básicamente le estás diciendo a tu cerebro que estás bajo amenaza.

Tu cerebro no sabe distinguir entre lo que piensas y lo que te sucede, así que le envía esa información a tu amígdala cerebral. 

La amígdala, que no tiene nada que ver con las famosas amígdalas que nos quitan de la faringe, recibe esa información y entra en alerta. Al recibir la señal de peligro, le ordena a todo el organismo que se proteja.

Inmediatamente activa los mecanismos del estrés y liberas hormonas y neurotransmisores del estrés en tu torrente sanguíneo.

Y a partir de ahí tu cuerpo entra en contracción psicobiológica. 

Tus funciones biológicas de crecimiento se detienen y tu pensamiento superior se desactiva.

Los centros cognitivos del razonamiento lógico localizados en los lóbulos frontales se apagan. Ya no puedes pensar con claridad.

Pero los centros cerebrales que tratan de predecir resultados negativos se activan, así que tu cerebro empieza a imaginar resultados catastróficos. Empiezas a pensar en todas esas posibilidades que te asustan, y tu mente comienza a enredarse en todo eso.

“¡Oh, Dios mío! Y si pasa esto… y si pasa aquello…”

Más y más pensamientos negativos comienzan a aparecer en tu mente. No puedes dejar de pensar en cosas que detestas, te aterran o te preocupan.

Y tu cerebro, bombardeado con tanta información negativa, la integra en su arquitectura neural. Se convierte en un cerebro negativo que está siempre alerta, como si siempre estuviera a punto de pasar algo malo. 

Por eso no puedes dejar de vivir en la ansiedad, la preocupación y el desasosiego.

Romper el ciclo de la negatividad exige un esfuerzo consciente. No es algo que sucede por sí mismo, sino algo que nosotros hacemos que suceda.

Cómo romper con el ciclo de la negatividad

La buena noticia es que puedes usar estos mismos principios para crear un cerebro positivo, un cerebro orientado al crecimiento, el éxito y la felicidad.

Puedes usar esta neuroplasticidad dependiente de la experiencia a tu favor para que tu cerebro reciba la información que a ti te interesa, la integre, se reconfigure y se convierta en un cerebro orientado al crecimiento.

Y las afirmaciones positivas son la mejor forma de lograrlo. Y la más sencilla, porque solo tienes que repetir en voz alta frases que le entregan a tu cerebro la información que tú quieres que reciba.

Así de simple.

Cómo funcionan las afirmaciones positivas

Las afirmaciones positivas son frases que repites en voz alta. Y estas frases son información positiva que tu cerebro recibe, y que provocan dos cosas:

• En primer lugar, cortas el bucle de la negatividad que te comentaba hace un momento. Cada vez que las repites, la amígdala cerebral interpreta que no hay amenazas, así que no activa los mecanismos biológicos del estrés y el miedo.

• Y en segundo lugar, repetirlas regularmente hace que tu cerebro empiece a integrar esa nueva información a nivel funcional y estructural, y se convierte en un cerebro orientado al crecimiento porque ya no siente que tiene que estar siempre protegiéndose.

Como ves, las afirmaciones positivas no son mágicas, no tienen el poder de cambiar las situaciones en sí mismas, pero sí reemplazan la negatividad con nueva información, con lo que nuevas regiones cerebrales son estimuladas y nuevas estructuras neuronales son establecidas, ayudándote a romper las barreras que el pensamiento negativo pone en tu día a día y emprender acciones que te ayuden a lograr todo eso que te repites en tus afirmaciones.

Por eso puedes encontrar a tanta gente de tantos ámbitos diferentes utilizándolas a diario.

Llevo mucho tiempo estudiando en profundidad la mentalidad de la gente altamente exitosa, y lo que he encontrado es que muchos de estas personas usan afirmaciones positivas: atletas olímpicos, empresarios de alto nivel, artistas, científicos e ingenieros… da igual la disciplina. 

Conocen esta información científica y la ponen en práctica porque saben muy bien que funciona. Saben que cuando repites tus afirmaciones, básicamente estás conectando esa información en tu red neuronal, y cuanto más repites, más duradera se vuelve la relación entre estas células nerviosas, más consolidas patrones de pensamiento positivo… y más resolutivo te vuelves porque activas los centros motores del cerebro.

Y cuando activas estos centros motores, tu cerebro te ayuda a emprender las acciones que necesitas para darle forma a esa realidad que declaras en tus afirmaciones.

Así que la idea es muy simple: repetir palabras en voz alta es recibido por tu cerebro como algo real. Esa información crea una realidad tangible para tu cerebro, y tu cerebro se convierte en eso.

Y tú estás en completo control de tu lenguaje. Tú eliges qué palabras salen de tu boca, así que puedes dirigir tu propia neuroplasticidad.

Cómo crear tus propias afirmaciones positivas

Crear y usar tus propias afirmaciones es muy sencillo. Solo tienes que seguir estos 4 pasos.

Primer paso: Identifica las áreas de tu vida que quieres mejorar. Es decir, tienes que elegir si quieres enfocarte adelgazar, ser más productivo, tener más confianza, ganar más dinero, dejar de ser tan negativo, etc.

Segundo paso: crea una afirmación para cada una de esas áreas y asegúrate de que esté formulada en tiempo presente, como si fuera una realidad actual que te está sucediendo. Así tu cerebro creerá que es algo que estás experimentando aquí y ahora.

Te voy a poner algunos ejemplos de afirmaciones positivas que puedes usar tal y como están aquí o que puedes modificar para crear las tuyas propias:

• Soy una persona resolutiva, siempre encuentro soluciones a los retos, desafíos y obstáculos de mi vida cotidiana. Esta afirmación va a lograr que tu confianza y seguridad interior vayan aumentando.

• Cada día soy más abundante y ayudo a que el mundo se vuelva un lugar más próspero. Esta afirmación va a ir orientando a tu cerebro hacia una mentalidad de crecimiento y te va a sacar de las limitaciones de la mentalidad de esclavo de la que he hablado en otros vídeos. Y aquí también puedes usar una afirmación como esta: Estoy contento y agradecido porque el dinero fluye en mi vida y mi familia vive en abundancia.

• Amo mi cuerpo, por eso cada día lo nutro con los mejores alimentos y lo cuido con todo mi cariño. Esta afirmación hace que tu cerebro te ponga más fácil el ir adoptando mejores hábitos alimenticios y que no te ponga resistencias a la hora de hacer ejercicio.

Tercer paso: programa tus afirmaciones. Tú cuando te levantas por la mañana ya sabes cuándo te vas cepillar los dientes, ¿verdad? No dices: “a ver cuándo encuentro tiempo hoy para cepillarme”. Es una acción programada que siempre haces a la misma hora en el mismo lugar, y no se te olvida. Pues lo mismo con las afirmaciones. Tienes que programar un momento del día, o varios, en los que vas a repetirlas sin excusas. Tú eliges cuando, pero una vez que hayas elegido, hazlo. Si tienes que ponerte alarmas en tu teléfono, pues las pones.

Y el cuarto paso es repetir y repetir esas afirmaciones. Tienes que hacerlo todos los días. Repetición, repetición y más repetición. Aquí, de nuevo, la idea es la misma que cuando te cepillas los dientes. Que tus afirmaciones se conviertan en un hábito así de sólido y consistente.

Y muy importante, repítelas en voz alta y confiada. No vale pensarlas para adentro, porque entonces serían pensamientos positivos, no afirmaciones positivas. Tienes que decirlas en voz alta sí o sí. Esto no es negociable.

Al principio, cuando repitas tus afirmaciones en voz alta, tu mente se va a resistir. Probablemente caerás en la duda y el cuestionamiento: “venga ya, no te lo crees ni tú; aunque digas que eres abundante, tú sabes que no lo eres”.

Es normal que esto suceda. La mente siempre trata de entrometerse porque quiere evitar gastar energía en crear nuevas rutas neurales.

Prefiere que sigas pensando lo mismo de siempre, así no tiene que dedicarle recursos al cambio que tú quieres poner en movimiento.

El secreto es seguir haciéndolo a pesar de las resistencias.

Cuanto más te diga la mente que todo eso no es cierto o no sirve de nada, más lo sigues haciendo.

¿Durante cuánto tiempo debes repetir tus afirmaciones? ¡Para siempre! ¿O es que acaso no piensas seguir cepillándote los dientes para siempre?

Pues lo mismo.

Si algo es bueno para ti, ¿por qué ibas a ponerle fecha de caducidad?

 

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