Cómo cambiar cuando el cambio es difícil

JORGE BENITO

¿Por qué nos cuesta tanto cambiar? ¿Por qué, a pesar de que sabemos exactamente qué queremos mejorar y estamos decididos a hacerlo, se nos resisten tanto esos cambios?

En su obra Switch, los psicólogos Chip y Dan Heath nos muestran que el obstáculo principal es un conflicto intrínseco en el cerebro. 

La mente está gobernada por dos sistemas diferentes, la mente racional y la mente emocional, que constantemente compiten por el control. La mente racional quiere bajar unos kilos y la mente emocional quiere que te comas esa pizza o ese pastel. La mente racional quiere cambiar de empleo y la mente emocional ama la comodidad y la rutina.  

Aunque nuestro lado racional tenga claro que aspira a algo mejor, nuestro lado emocional e instintivo es perezoso y caprichoso, y prefiere la gratificación inmediata. Antepone el placer instantáneo de un helado de chocolate a la gratificación a largo plazo de estar delgados. 

Esta tensión entre racionalidad y emoción es el principal escollo, pero podemos hacer que estas dos polaridades se pongan de acuerdo y trabajen conjuntamente para ayudarnos a conquistar ese cambio al que aspiramos. 

Y en este artículo vas a conocer cómo lograr esto. 

Switch

En su libro Switch, los hermanos Heath hacen la siguiente analogía.

La mente racional es un jinete que aporta planificación y dirección. La mente emocional es un elefante que aporta la energía para avanzar. Y ambos, jinete y elefante, deben avanzar por un camino, que es el entorno particular en el que se desarrolla nuestra vida.

La clave para que el cambio se produzca, sea del tipo que sea, personal, laboral, financiero, amoroso… es lograr que el jinete no le dé demasiadas vueltas a la cabeza, el elefante se sienta motivado para avanzar en la dirección adecuada y el camino esté lo más allanado posible.

Y todo esto sin depender únicamente del autocontrol, porque el autocontrol es un recurso limitado. No siempre está ahí disponible para nosotros, es una energía cognitiva que se agota y de la que no conviene depender exclusivamente.

Así que vamos a ver por separado estos 3 componentes, jinete, elefante y camino.

El libro Switch, de los hermanos Heath, es una lectura fabulosa. En este artículo resumo los puntos clave, pero igualmente te animo a leer el libro completo.

Dirigir al jinete

Lo primero para lograr un cambio es encontrar la forma de dirigir al jinete, nuestro lado racional. Si queremos que el jinete sea eficiente, debe saber con absoluta claridad a dónde tiene que ir, cómo tiene que actuar y qué destino tiene que conseguir.

Cuando el jinete no tiene una dirección muy específica y todo es demasiado amplio y ambiguo, siente que las opciones son demasiadas, se pierde en su afán de analizarlo todo y cae en la llamada parálisis de decisión. 

En un estudio clínico se le presentó el siguiente caso a un grupo de médicos. Un paciente de 67 años con problemas de cadera había estado tomando una medicación pero no había tenido ningún efecto. Antes de optar por la habitual cirugía de cadera, se les dio la posibilidad de probar una nueva medicación que el paciente todavía no había usado y que parecía ser una alternativa ideal a la cirugía. 

El 47% de los médicos decidieron probar el nuevo medicamento para ahorrarle al paciente el mal trago de la cirugía.

Sin embargo, a otro grupo de médicos se les presentó este mismo dilema, solo que en esta ocasión les dijeron que como alternativa a la cirugía podían probar dos medicamentos. Sorprendentemente, solo el 28% de los doctores decidió probar un medicamento frente al 47% del grupo anterior.

¿Qué pasó aquí? La mera existencia de una opción adicional creó una parálisis de decisión. 

Más opciones, incluso si son muy buenas opciones, pueden complicar el proceso de toma de decisión y hacer que vayamos con el plan por defecto. Y en tu vida, el plan por defecto es todo eso que no quieres seguir experimentando, así que así difícilmente podrás cambiar.

Por eso tienes que describir un destino atractivo, preciso, súper específico. No vale decir “quiero estar más sano”. Es demasiado genérico, hay mil cosas que podrías hacer para estar más sano, demasiadas opciones, y esa falta de precisión hace que el jinete se sienta abrumado. Se perderá en el análisis, no escogerá ninguna de esas opciones y seguirá haciendo lo mismo de siempre.

Tienes que apuntar a un destino significativo mucho más preciso. “Ir al gimnasio los lunes, miércoles y viernes a las 7 de la tarde”, “cenar ensalada de lunes a viernes”, “meditar todos los días antes de desayunar”.

Cuantas menos opciones le des a tu jinete, más le ayudarás a tomar el control consciente de tu proceso de cambio.

Motivar al elefante

El elefante, sin embargo, no es nada lógico. Todo lo contrario, es sensible e impulsivo. 

No quiere datos, planes o ejemplos. Quiere emociones positivas que le hagan sentirse motivado para avanzar hacia esa nueva dirección.

¿Cuál es la mejor forma de darle al elefante esas emociones positivas que necesita para movilizarse e invertir energía en ese cambio?

Tienes que reducir la dimensión del cambio; es decir, convencer al elefante de que ya avanzó en el proceso de cambio y no está empezando de cero. 

En un curioso experimento, se obsequió a los clientes de un túnel de lavado de vehículos con una tarjeta regalo que tenía 8 casillas vacías. Cada vez que lavaran su vehículo, les pondrían un sello. Y cuando hubieran acumulado 8 sellos, el siguiente lavado les salía gratis. 

Bueno, pues a otro grupo de clientes les dieron tarjetas con 10 casillas pero que ya tenían dos sellos estampados en ellas desde el comienzo.

En ambos casos, los clientes necesitaban 8 lavados para conseguir su premio, la misma cantidad de lavados. Pero los del segundo grupo llenaron sus tarjetas mucho antes porque sentían que ya les quedaba menos.

Al elefante le parece más motivador haber recorrido un trozo de un camino largo que estar justo al principio de un camino más corto. Sí, por extraño que pueda parecer, nuestro lado emocional prefiere un camino más largo en el ya hicimos algún avance que un camino muy corto en el que todavía no hemos avanzado nada. 

Y una forma extraordinariamente eficaz de lograr que el elefante sienta que ya hemos avanzado es usar la identidad.

James March, de la Stanford University, dice que cuando tenemos que tomar una decisión usamos uno de estos dos modelos de decisión básicos: el modelo de las consecuencias y el modelo de identidad.

El modelo de las consecuencias sostiene que al tomar una decisión, sopesamos los pros y los contras de nuestras opciones y elegimos la opción que maximiza nuestra satisfacción. Se trata de un modelo racional analítico, así que este al elefante no le interesa mucho.

Al elefante le gusta el modelo de identidad. Cuando hay que tomar una decisión, al elefante no le interesa calcular los costes y beneficios. Él se queda con eso que está alineado con lo que cree que tú eres.

De hecho, este modelo de identidad es el que la mayoría utiliza a la hora de votar. El votante no actúa por interés propio. El votante actúa por identidad. 

Brasilata, una empresa brasileña que se dedica a construir latas, quiso que sus empleados les presentaran ideas para mejorar los problemas de producción y de calidad que enfrentaban. Como ellos estaban en primera línea, eran las personas ideales para proponer soluciones eficaces. 

Los empleados entendieron perfectamente esta necesidad y les pareció muy bien que les tuvieran en cuenta, pero no hicieron nada. Apenas presentaron ideas. Siguieron haciendo lo de siempre.

Así que los líderes de Brasilata crearon un programa de innovación enfocado en construir una nueva identidad en los empleados. 

Empezaron a llamar a sus empleados inventores, y cuando se incorporaban nuevos operarios de producción a la empresa, les pedían que firmaran un contrato de innovación donde se especificaba que ellos eran inventores, no operarios. 

En solo un año recibieron 134.846 ideas. Una media de 145 ideas por inventor. 

Nuestra inspiración para el cambio procede de nuestro deseo de vivir de acuerdo a esa nueva identidad que hemos adoptado. 

Cuando el elefante se identifica con esa faceta que quieres ser, siente que ya ha recorrido parte del camino. Siente que ya tiene sus sellos en la tarjeta regalo y le queda menos, así que se motiva.

Y todos podemos crear nuevas identidades. De hecho, lo hacemos todo el tiempo. No nacimos con una identidad fija e inamovible, sino que vamos adoptando nuevas identidades a medida experimentamos nuevas situaciones. 

No nacemos con la identidad de mamá o papá, esas identidades se forman cuando nos convertimos en padres. Nadie nace con la identidad fontanero, científico, gamer o viajero.

Todas esas identidades se van formando con acción. La acción es la clave.

Sin embargo, el elefante no siempre quiere moverse. A no ser que sienta que la acción le da una victoria inmediata. Te acuerdas que el elefante quiere comerse ese pastel, quiere una recompensa instantánea. Bueno, pues podemos darle una sensación de progreso y recompensa instantánea fragmentando la tarea en pequeñas partes diminutas y reduciendo la dimensión del cambio.

La técnica “5 minutos en la habitación de rescate” es un excelente ejemplo.

Vas a la habitación más desordenada de tu casa y pones una alarma dentro de 5 minutos. Muy poco tiempo, el elefante no se va a quejar porque le parece muy razonable.

Así que te pones a ordenar y cuando suene la alarma a los 5 minutos, te detienes con la conciencia tranquila. Le acabas de dar a tu elefante una pequeña victoria. Ahora siente orgullo por saber que avanzó, y esa acción tan pequeña y fácil de ejecutar ya está construyendo la nueva identidad que te ayudará a seguir adelante.

En mi canal de YouTube también puedes encontrar un vídeo completo de este mismo artículo. Puedes visitar mi canal tocando aquí.

Allanar el camino

Y el tercer aspecto que necesitamos dominar para facilitar el cambio es allanar el camino.

Seguro que en algún momento de tu vida te ha tocado conducir muy rápido, o estar en un vehículo donde el conductor iba muy rápido. Tal vez una situación de emergencia, o tenías mucha prisa para no perder tu avión.

En esa situación, los demás conductores, al cruzarse contigo, hubieran visto justificado insultarte. 

Pero tú no ibas rápido por una cuestión de carácter. No es que seas un imbécil o un temerario, sino que esa forma de conducir estaba motivada por la situación en la que te encontrabas. 

Lo que aparentemente es una persona problemática, en realidad suele ser una situación problemática

Aunque solemos atribuir el comportamiento de las personas a su forma de ser en lugar de atribuirlas a la situación en la que se encuentran, lo cierto es que por lo general, lo que parece un problema de carácter se puede corregir modificando el entorno.

Cuando modificas el entorno, el jinete deja de comportarse como un completo idiota, el elefante se motiva y el camino se allana.

Y además de cambiar el entorno, otra buena forma de allanar el camino es crear buenos hábitos.

Los hábitos son comportamientos automáticos que permiten que las acciones se produzcan sin que el jinete tenga que hacerse cargo. Como la capacidad de autocontrol del jinete es limitada, lo ideal es que pueda tomar decisiones en piloto automático para no perderse en rodeos mentales, parálisis de decisión o agotamiento.

El hábito, al anticipar la decisión, le permite al jinete conservar su autocontrol y tomar buenas decisiones sin siquiera pensarlo.

Si quieres conocer la mejor forma de crear buenos hábitos, te recomiendo que veas mi vídeo “Cómo engañar a tu cerebro para vencer la pereza, dejar de procrastinar y crear buenos hábitos”.

En él resumo el mejor libro que hay al respecto, Hábitos Atómicos de James Clear, y comparto contigo el poder del 1%, las 4 leyes del cambio de conducta y cómo hackear tu cerebro para que deje de resistirse al cambio. Te animo a verlo ahora mismo.

¡Nos vemos por allí!

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