Cómo crear un cerebro que quiere ganar dinero (y sabe ganarlo)

JORGE BENITO

Antes de empezar, déjame decirte algo: Yo amo el dinero. Lo amo profundamente, con toda mi alma. 

Por cierto, también amo mi salud. La amo profundamente.

Y mis relaciones. Amo tener relaciones significativas con otros seres sintientes.

Muy bien, ahora reconoce lo siguiente: aceptas con naturalidad que yo  ame mi salud y mis relaciones, pero amar el dinero… eso te genera un poco de incomodidad. Es raro. Desagradable, tal vez.

Y si eres tú quien dice «amo el dinero», ¿cómo te sientes?

Tal vez te sientas un ser «sucio», como si fueras alguien perverso y moralmente impuro.

¿Sabes por qué te sucede esto? Porque tienes una relación disfuncional con el dinero.

Te han hecho creer que el dinero es algo oscuro y malévolo. Te han programado para pensar así. 

“El dinero es malo; el dinero corrompe al ser humano; el dinero solo trae desgracias; ganar dinero es perverso; los ricos son malos, egoístas y avariciosos…”

Tu familia, la sociedad y tu cultura te han llenado de historias falsas y retorcidas acerca del dinero que se han infiltrado en tu estructura psíquica y han creado una mentalidad de carencia.

Y esa mentalidad de carencia es la que te impide crecer y ser abundante.

Mentalidad de carencia

Si tu mente está secuestrada por esas ideas perniciosas acerca del dinero, no puedes prosperar.

Y tú quieres prosperar. Te encantaría vivir en abundancia económica y riqueza.

Pero te han enseñado que el dinero es malo, así que empujas ese deseo de prosperidad a las mazmorras del inconsciente para no sentirte mal por querer tener dinero.

El dinero no es ni bueno ni malo. Es neutral. 

Tú, sin embargo, no eres neutral respecto al dinero. De hecho, te has puesto en contra del dinero. Cuando piensas en dinero, sientes rechazo.

Y crees que ese desprecio está totalmente justificado porque el dinero es eso, algo despreciable, sucio y malvado.

La moral de esclavos

La moral del esclavo es un concepto que Nietzsche desarrolló y que explica esta mentalidad de carencia en la que te encuentras.

Según Nietzsche, las personas fuertes y valientes que aman la vida y aman aportar algo valioso y significativo al mundo tienen lo que él llama la moral del amo. Aman la aventura, se regocijan en la creatividad, tienen entusiasmo por crecer y desarrollar sus dones y talentos, no tienen miedo de ser asertivos y viven guiados por un sentido de propósito vital.

Por otro lado, las personas débiles y con una clara tendencia al victimismo tienen lo que él llamó una moral del esclavo. Son personas que se sienten intimidadas por el mundo. Se sienten débiles porque creen que no tienen todo lo necesario para lidiar con los peligros que hay en la vida. Son temerosos, apáticos, pasivos, dudan de sí mismos, su autoestima es muy baja, y como resultado, se sienten frustrados porque no pueden obtener lo que quieren de la vida. 

Y a ellos en realidad les encantaría tener lo que los fuertes tienen, anhelan esa pasión, ese espíritu aventurero, ese no dejarse amedrentar por el miedo y las dudas. Pero tienen tanto pánico de salir de su zona de confort y convertirse en quienes podrían llegar a ser que se vuelven envidiosos de los que sí tienen este coraje.

Pero eso no es todo, porque al mismo tiempo empiezan a odiarse a sí mismos secretamente por ser tan cobardes y tan débiles. 

Sin embargo, odiarse a sí mismo es psíquicamente muy inestable. Nadie puede soportar percibirse de esa forma durante demasiado tiempo, así que crean el siguiente mecanismo de alivio psicológico: racionalizan ese odio convenciéndose de que ellos son los buenos, los moralmente superiores; ellos pertenecen al grupo de los humildes y compasivos. Y al identificarse con esa superioridad moral, ya no tienen que enfrentarse al dolor que les causa sentirse débiles y pasivos.

Esta moral del esclavo que Nietzsche comunicó magistralmente es la que han adoptado las personas que no se sienten capaces de crear una vida abundante.

En lugar de construir las habilidades que les permitan crear esa prosperidad, desprecian a los que sí viven en abundancia. «Esas personas prósperas tienen dinero porque son unos malvados opresores; yo soy de los buenos, los oprimidos, los pobres».

Si tú desprecias el dinero y desprecias a las personas ricas y prósperas, tienes esta mentalidad. Sin ninguna duda.

Has racionalizado tu propia debilidad para que no te duela contándote la historia de para ser abundante tienes que ser malo, pero tú eres bueno, por eso no tienes dinero.

«El dinero es malo, y los que tienen dinero son malos. Pero yo soy bueno, por eso no tengo dinero.»

Falso. Absolutamente demencial.

Si ahora mismo te regalo un millón de dólares, ¿te conviertes en malo de repente?

El dinero no cambia a nadie. El dinero revela lo que ya eres.

Los que tienen dinero y se comportan como auténticos idiotas, son así de idiotas por ellos mismos, no por el dinero.

El dinero no pone nada en ti que no estuviera ya presente. El dinero solo es una excusa que la gente usa para dar rienda suelta a lo que siempre estuvo ahí.

Adivina cuál de estas dos familias se pasa todo el día pensando en dinero, peleando por dinero y sufriendo por el dinero.

Ser pobre no cuesta ningún esfuerzo

¿Qué tienes que hacer para ser una persona pobre de mente, corazón y espíritu?

Nada. No tienes que hacer nada.

No tienes que mejorarte como ser humano ni tienes que desarrollar ninguna virtud. No debes aportarle nada positivo a nadie ni tampoco necesitas lograr la maestría sobre nada.

¿Es tu pobreza el resultado de algún esfuerzo? ¿Es una conquista personal? ¿Lograste algo significativo que te llevó a tu pobreza?

No.

Ser pobre no es algo que lograste con dedicación, perseverancia y esfuerzo sostenido. No es el resultado de generar un impacto positivo en las vidas de otras personas. 

Así que no es nada de lo que pavonearse. Es de hecho muy triste, porque esa superioridad moral es una justificación para tus fracasos, y poco más.

«Los ricos solo piensan en dinero»

“Esos capitalistas malvados, materialistas, solo piensan en dinero”

Falso.

Quien más piensa en dinero es el que tiene poco dinero.

En qué crees que pensaba yo cuando mi hija pequeña estaba a punto de nacer y yo no tenía empleo. Pensaba en dinero. Mi mente estaba todo el día pensando en dinero desde un ángulo de preocupación, escasez y pobreza. 

Cuanto más lo necesitas, más piensas en ello.

Imagina que te estás en medio del océano, a la deriva, y comienzas a ahogarte. Solo vas a pensar en aire. ¿Por qué? Porque te falta. Cuando lo tenías ahí disponible sin límites, cuando tenías plena abundancia de oxígeno, ni pensabas en ello. Pero ahora no puedes hacer otra cosa que pensar en ello. Los pobres de mente no dejan de pensar en el dinero ni un momento.

Y les duele tanto estar siempre enredados en esos pensamientos de dinero, que para aliviar ese dolor proyectan eso hacia otros. “No, son otros los que no dejan de pensar en dinero, no yo.”

Así no puedes crecer. No puedes aportarle mucho al mundo porque estás en contracción. Tu sistema nervioso está enfocado en las amenazas y los peligros, y solo mira cómo protegerse. Nada de crecer.

Si quieres crecer, tienes que salir de ahí cuanto antes. 

Yo estuve al borde del abismo por culpa de esa mentalidad de carencia y esa moral de esclavo, casi me consume por completo ese resentimiento y ese odio. 

¿Qué puedes hacer para cambiar esa mentalidad de carencia que te está alejando de desplegar tu verdadero potencial, desarrollar tus fortalezas y vivir en abundancia?

3 cosas.

La abundancia nace en tu mente y crece en tus destrezas.

1 – No desprecies el dinero

Lo primero, y lo más importante, es dejar de despreciar el dinero. 

Si desprecias el dinero, el dinero te eludirá. 

Tu cerebro hace todo lo posible por mantenerse alejado del todo eso que desprecias porque quiere evitar cualquier contacto con focos de conflicto. Y tus ideas y pensamientos son información para tu cerebro. Información muy clara que tu cerebro usa para modificar tu comportamiento, así que si desprecias el dinero va a hacer todo lo posible para minimizar el contacto con el dinero. 

Imagina que un ser querido se ha ido a vivir a otra ciudad o a otro país. Puedes pensar en tu madre, tu padre, un hijo, un hermano, una pareja, cualquiera.

Se va a vivir fuera y después de un par de meses sin veros, un día te dice que quiere ir a visitarte porque te ama y te extraña.

Y tú le dices: “Yo también te amo y te extraño, pero no hace falta que vengas, de verdad”.

Y esa persona te dice: “No, de verdad que me apetece mucho, y no es molestia. Voy a verte la semana que viene. Tengo muchas ganas de verte.”

Tú respondes: “Yo también tengo muchas ganas de verte, pero no hace falta que vengas, de verdad”.

¿Cómo crees que va a sentirse esa persona? Se va a sentir rechazada verdad. Y no se va a creer que tú la quieres. Porque de palabra puede que digas que sí, pero tu comportamiento demuestra lo contrario.

Ahora mira si no estás haciendo lo mismo con el dinero.

El dinero es una energía que también quiere sentirse amada, respetada y honrada. Si con tus palabras, o con tu comportamiento, lo rechazas, el dinero se va a sentir como ese ser querido que quiere visitarte y tú no lo permites.

¿Qué puedes hacer para dejar de despreciar así al dinero?

Asume que quieres dinero. Asume que lo amas. ¿Cómo empecé yo este artículo? Diciéndote que amo el dinero.

Tienes que repetirte una y otra vez que amas el dinero, y decirlo también abiertamente en tus conversaciones. Tu lenguaje modifica tu mentalidad, y ya te dije que la abundancia empieza y termina en tu mente.

Si quieres cambiar tu relación con el dinero y crear una vida abundante, tienes que crear una mentalidad de crecimiento.

Tienes que pensar diferente acerca del dinero, y tienes que hablar diferente acerca del dinero.

Deja de decir todas esas cosas negativas acerca del dinero. Deja de decir que los ricos son malos, que el dinero no da la felicidad, que el dinero no es importante o que no te importa el dinero. 

No te ayuda en nada. Solo te daña y te hunde.

Empieza a cambiar tu lenguaje para cambiar tu relación con el dinero.

2 – La abundancia es ilimitada

Si yo te dijera que quiero toda la salud y longevidad del mundo, ¿a que tú no sentirías que le estoy quitando salud y longevidad a nadie?

Porque la salud no es algo limitado. Mi buena salud no surge de restarle asalud a otros. Si yo hago ejercicio cada mañana, es cosa mía, y no le estoy negando esa posibilidad a otros.

Pues lo mismo con la abundancia. 

Pero solemos creer que si nosotros creamos abundancia, alguien más tiene que salir damnificado. Alguien tiene que empobrecerse para que nosotros podamos enriquecerenos.

Nada de eso.

Tu abundancia no le quita abundancia a nadie, igual que tu salud no le quita salud a nadie ni tus relaciones amorosas le quitan amor a nadie.

Deja de pensar así en la abundancia.

Siéntete bien por desear vivir en prosperidad. Tienes derecho a desear una vida abundante, no hay nada malo en ello.

Tu moral de esclavo te convence de que el capitalismo es perverso. No puede haber nada más alejado de la realidad.

El capitalismo es un sistema basado en la libertad individual. Gracias al capitalismo, yo puedo ofrecerte a ti lo que me da la gana, como me da la gana y al precio que me da la gana, y tú lo compras si te da la gana.

Es cierto que muchas personas usan el capitalismo de forma perversa, pero eso no es un problema intrínseco del capitalismo. El fuego no es el responsable de lo que un pirómano quema.

El capitalismo se basa en el libre mercado. Yo, libremente, puedo ofrecerle al mercado lo que yo quiero; y los seres humanos que vean mi oferta decidirán participar voluntariamente en una transacción económica conmigo… libremente también. 

De ahí surge la abundancia. Decisiones libres entre seres libres.

La abundancia es ilimitada, y tu acceso a ella es el resultado del ejercicio de soberanía individual entre seres que toman decisiones libremente. Qué maravilla.

Nadie sufre si a ti te llega la abundancia a la que aspiras. No le impides a nadie ser abundante por recibir abundancia.

Ten esto bien presente. No estás dañando a nadie por recibir riqueza y prosperidad.

3 – Adquiere confianza financiera

La confianza financiera es la absoluta seguridad y certeza de que tú puedes ganar dinero… sean cuales sean las circunstancias.

¿Cómo desarrollas esta confianza?

Adquiriendo habilidades de altos ingresos.

Las habilidades de altos ingresos son destrezas que te permiten generar  ingresos elevados porque aportan un valor masivo a otros seres humanos.

Cuando dominas estas habilidades, siempre habrá en el mercado personas dispuestas a darte altas sumas de dinero porque saben que, a cambio, tú les ayudas a generar mucho más de lo que ellos te entregaron.

Y dominar estas habilidades no es difícil. Se aprenden como cualquier otra, con conocimiento y con práctica.

Si cada día le dedicas a esas habilidades el tiempo que le dedicas a netflix, YouTube o las redes sociales, te aseguro que en pocos meses puedes estar ganando 3 veces más de lo que estás ganando ahora. A mí me pasó eso.

Por eso te animo a invertir en ti. Invierte tiempo, invierte dinero. Consume contenidos, toma cursos, aplica lo aprendido, encuentra mentores.

Sal de la moral de esclavo, adquiere habilidades de altos ingresos, y en solo un año vas a estar a años luz de donde te encuentras ahora.

Garantizado.

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